Casi la mitad de los hombres españoles sufre algún grado de alopecia, la cifra más alta del planeta. El fenómeno afecta cada vez a pacientes más jóvenes y ha disparado el “turismo capilar” a Turquía, un destino que los especialistas señalan como una fuente creciente de complicaciones.
España encabeza el ranking mundial de alopecia masculina, con un 44,5% de hombres afectados por algún grado de calvicie, por delante de Italia (44,37%) y Francia (44,25%), según el análisis internacional de la plataforma Medihair basado en datos de 45 países. La Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) sitúa la cifra en el 50% de los hombres a partir de los 50 años, y advierte de que entre un 5% y un 10% de las mujeres adultas también la presentan.
Desde Capilares Medina, Luis Daniel Medina, CEO de esta clínica capilar en Ciudad Real, explica que el motivo detrás de este liderazgo español es fundamentalmente genético: la población caucásica presenta una mayor predisposición a la alopecia androgénica, aunque factores ambientales como el estrés, la dieta o el tabaco pueden acelerar el proceso.
Un problema que ya no es solo cosa de “mayores”
Uno de los cambios más significativos de los últimos años es la edad de aparición. Cada vez son más los pacientes que empiezan a notar la caída entre los 16 y los 25 años, una etapa en la que el impacto emocional puede ser especialmente duro: distintos testimonios recogidos en medios nacionales describen la alopecia temprana como una fuente de ansiedad social comparable a otras pérdidas físicas importantes.
“A los 20 años, perder pelo no es estético: es una crisis de identidad”, señala Luis Daniel Medina, experto en injerto capilar en Ciudad Real.
Desde la clínica insisten en que el primer paso nunca debería ser la resignación ni la automedicación, sino un diagnóstico tricológico profesional que determine el tipo de alopecia y las opciones reales de tratamiento —desde la regeneración capilar hasta el injerto— antes de que la pérdida sea irreversible.
“Ahora hay técnicas muy avanzadas, nosotros ya realizamos injerto capilar sin necesidad de rapar mediante técnica FUE desde hace años” apunta el experto.
El espejismo del “low cost”: los riesgos de operarse en Turquía
El aumento de la demanda ha impulsado en paralelo el turismo capilar hacia Turquía, que concentra a una parte importante de los pacientes internacionales que buscan precios más bajos. Según datos recogidos por la Sociedad Internacional de Cirugía de Restauración Capilar (ISHRS), cerca de 20.000 españoles viajaron al país en 2024 para someterse a un trasplante, y aproximadamente uno de cada cinco declaró haber sufrido algún problema posterior, desde inflamaciones hasta la pérdida total de los injertos por falta de cuidados postoperatorios.
Especialistas españoles consultados en distintos medios coinciden en el diagnóstico: el riesgo no está tanto en la técnica como en lo que ocurre antes y después de la intervención. Sin informe médico previo, sin seguimiento presencial y sin saber con certeza qué profesional ha realizado realmente el procedimiento, cualquier complicación se vuelve mucho más difícil de resolver una vez el paciente ha regresado a España.
Desde Capilares Medina recomiendan varias preguntas mínimas antes de decidirse por cualquier clínica, dentro o fuera de España:
-¿Quién realiza exactamente la intervención y qué titulación tiene?
-¿Incluye el precio un seguimiento presencial posoperatorio, o solo consultas online?
-¿Existe un diagnóstico individualizado previo, o el presupuesto es cerrado y estándar para cualquier paciente?
-¿Qué ocurre —y quién responde— si surge una complicación?
“Un buen trasplante no termina en el quirófano, las revisiones marcarán el éxito o el fracaso de la intervención”, concluye el experto.

